VIVIR SIN RENCOR

Una personita muy especial me ha dado una lección de vida que deseo compartir con vosotros. Desde su mirada de niño, inocente, sincera, natural, me ha enseñado que el camino más corto para la felicidad es vivir sin rencor. Su enorme capacidad de amar me ha demostrado lo equivocados que estamos los adultos al dejar de lado a nuestro niño.¿Cuál ha sido su secreto? Su capacidad de perdonar, de respetarse a si mismo y aceptar que sólo cambia quien quiere cambiar. Os preguntaréis cómo es posible conseguir esto que parece tan facil pero tanto nos cuenta llevar a cabo.

Cuando perdonamos nos liberamos de una gran carga emocional. Nos damos permiso a continuar más ligeros y seguros de nosotros mismos. Nos recargamos de energía para seguir avanzando. ¿Para qué continuar entonces con esa carga? ¿Qué nos impide perdonar y/o perdonarnos? Solamente necesitamos parar y darnos cuenta de que afrontar situaciones complicadas nos ha aportado grandes aprendizajes. Nos ha ayudado a ser más sabios al poner en marcha nuestras cualidades y averiguar de quién nos queremos alejar y con quién queremos estar.

A veces, cuando el perdón no es suficiente, el truco puede estar en generar el siguiente diálogo interno: “Cuando una persona me hace sentir mal, esa persona tiene poder sobre mí. ¿Quién se lo está dando? ¿Hasta cuándo se lo voy a seguir dando? ¿De quién depende quitárselo?”

Es en este instante cuando conectamos con nuestra fuerza interior, ya que sólo ofende el que puede, no el que quiere. Si valoramos de quién viene la ofensa, también nos daremos cuenta de que, aunque quieran ofendernos no podrán, porque cada uno de nosotros es el propio “capitán de su alma, el dueño de su destino”.

Por lo tanto, os invito a alejaros del “qué dirán”, de las envidias, del rencor. Somos responsables de nuestro presente, independientemente de cómo actúe el entorno. Sí, estamos condicionados, pero somos libres de escoger con qué actitud queremos afrontar cada situación.

Además os invito a preguntaros: ¿Qué oculta una persona que critica de forma destructiva, grita, se queja y justifica constantemente, busca culpables y está anclado en el pasado? De forma inconsciente, busca tapar sus inseguridades y miedos. No nos han enseñado a mostrar nuestras emociones y, por lo tanto, las tapamos. ¡Gran error! Todos los seres humanos tenemos necesidades no cubiertas, buscamos reconocimiento y sentir que pertenecemos a un grupo que nos ayude a superar nuestros miedos. Si no conseguimos cubrir estas necesidades con conductas positivas, lo haremos con negativas, todo con tal de no ser ignorados. ¿Qué hacen los niños y adolescentes cuando quieren llamar la atención? Lloran, gritan, retan, insultan, muestran su lado más agresivo cuando, en realidad, lo que nos están diciéndo es “¡Ámame cuando menos me lo merezca porque es cuando más lo necesito!”. ¿Qué nos diferencia entonces de ellos? Nada. ¿Qué nos impide ver más allá de la conducta observada? ¿Para qué nos quedamos con lo observado, que nos daña, y no con lo que esa persona puede estar ocultando, necesitando y no es capaz de decir?

Os invito a vivir sin rencor, a aligerar vuestra carga experimentando la liberación del perdón, y disfrutar así más de la vida, el más preciado de los tesoros. ¡Mucho éxito!

por María del Mar Hidalgo de Cisneros