VALORES DESCONOCIDOS

Somos hijos, padres, abuelos, esposos, amigos, compañeros, trabajadores, empresarios, aventureros… Desarrollamos en nuestra vida un sinfín de papeles que, sin embargo, cada uno vivimos de forma distinta.

Esto es debido a nuestros valores, nuestras creencias más profundas, que anidan en nuestro inconsciente y provienen de nuestra educación, cultura y experiencia vital. Marcan cada uno de los pasos que damos, a veces impulsándonos y otras frenándonos. Son múltiples los valores que guían nuestro día a día y también es muy variable la forma en la que los priorizamos. Pero en ese orden, ¿dónde está el valor que damos a nuestro propio YO?

No nos han educado para pensar primero en nosotros, más bien al contrario, hemos asimilado esa actitud como negativa y egoísta. Pero, mi pregunta hoy es si, en determinados casos, no estamos llevando esa “generosidad” demasiado lejos, porque ¿cómo pretendemos que los demás estén bien si nosotros no estamos bien? ¿Cómo vamos a cuidar, respetar y amar a los demás si antes no lo hacemos a nosotros mismos? Practicar el “egoísmo” como la necesidad de aceptarnos, valorarnos, cuidarnos y respetarnos a nosotros mismos, es para mí una de las claves para encontrar el equilibrio vital y poder así transmitirlo y contagiarlo a quienes nos rodean. Este “egoísmo” positivo no debe confundirse con el hecho de ser “egocéntrico”, que definiríamos como un estado en el que nos creemos en posesión de la verdad absoluta y vivimos asumiendo que el fin justifica los medios, sin escuchar, respetar o amar al otro y, por lo tanto, aún menos a nosotros mismos.

Quiero invitaros a reflexionar sobre qué necesitamos para darnos valor a nosotros mismos sin sentirnos culpables por hacerlo. Os animo a encontrar esas respuestas pensando en los beneficios que vais a obtener si lo hacéis. Somos responsables de nuestras acciones y, por lo tanto, de generar el abono necesario que cultive nuestra autoestima y autoconfianza. Al igual que un árbol, es imprescindible que tomemos decisiones que rieguen nuestro día a día con amor y reconocimiento propio. Si lo hacemos, nos convertiremos en seres inspiradores para los demás. Estaremos siendo generosos al permitir a las personas que nos rodean que igualmente aprendan a valorarse, respetarse y brillar..

Os propongo empezar a escuchar nuestras propias necesidades y atenderlas. Estoy segura de que si lo hacemos, descubriremos valores que nos permitan alcanzar antes lo que deseamos. Desde la fuerza de nuestro propio valor creceremos como personas, desarrollaremos nuestro máximo potencial e invitaremos a los demás a hacer lo mismo.

Seamos ejemplo para los demás empezando por nosotros mismos. ¡Mucho éxito!

por María del Mar Hidalgo de Cisneros