EL PODER DE LA ESCUCHA

¿Escuchamos u oímos? ¿Estamos más pendientes de decir lo que “tengo” que decir o de escuchar lo que mi interlocutor está expresando o sintiendo?

A lo largo de mi vida profesional, me he esforzado en aprender a utilizar el lenguaje correctamente, a gestionar mis nervios al hablar en público o tener una entrevista importante, incluso a la hora de resolver un conflicto, pero no me había parado a pensar que la clave de todo ello es mucho más sencilla, y se llama ESCUCHA.

Seguramente habéis asistido a cursos de oratoria, o al menos sabéis que existen, pero ¿en cuántos cursos de ESCUCHATORIA habéis participado? ¿Os ha inquietado desarrollar alguna vez esta habilidad? Pues en mi opinión la llave maestra para el éxito personal y profesional es escuchar antes de hablar. ¡Qué sencillo parece!, pero ¿lo hacemos?

¿Qué es escuchar? En mi opinión es sinónimo de RESPETO, pero no sólo al otro como ser legítimo y diferente a mí, sino también a mí misma. ¿Cómo voy a saber qué necesito, si no me escucho? ¿Cómo voy a saber qué necesita el otro si no le escucho? ¿Cómo voy a saber qué decir o cómo resolver un conflicto, si antes no escucho? Y no me refiero a lo que el otro dice, sino justamente a lo que no dice. La escucha va mucho más allá de las palabras. La escucha es pura empatía, requiere de mucha práctica, y no nos la han enseñado ni en la escuela, ni en la universidad.

¿Cómo puedo aprender a manejar los pensamientos y las emociones cuando una conversación va justo por donde no quiero que vaya? ¿Cómo puedo resolver una situación que me afecta enormemente y siento que es imposible que cambie? Pues por increíble que parezca la solución pasa por ESCUCHAR. Contamos con más herramientas que nos pueden ayudar a encontrar respuestas a nuestras preocupaciones, y destacaría dos: la actitud y el lenguaje corporal. En todo momento soy yo quien decido cómo utilizarlas para conseguir lo que deseo.

Gran parte de nuestros aprendizajes son por imitación. Por lo tanto si empezamos desde ahora mismo a escuchar al otro y a nosotros mismos de forma diferente, pronto veremos el efecto positivo que esto produce en nuestro entorno. Y recuerda:

Si escuchas, respetas.

Si escuchas, aprendes.

Si escuchas, creces.

Si escuchas, amas.

¿Qué te impide escuchar? ¿Para qué no lo haces? ¿Qué vas a ganar si lo haces?

Te invito a practicar incansablemente la ESCUCHA y a disfrutar de este DAR y RECIBIR. La escucha es el alimento imprescindible para la convivencia y el desarrollo de las personas. Sin este respeto ni este reconocimiento, ¿qué futuro nos espera?

¡Mucho éxito!

por María del Mar Hidalgo de Cisneros